AMÉRICA LATINA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX




En el transcurso de las décadas del 60 y del 70 se produjeron alternativamente intentos de reformas, profundas crisis económicas, sociales y políticas, revoluciones o intentos de lograrlas y dictaduras. Se acentuó la dependencia económica con el mantenimiento de las situaciones de pobreza. Fue además una época caracterizada por las confrontaciones sociales y políticas agravadas por la presencia de la Revolución Cubana y el reforzamiento de la Guerra Fría en la región.



EL ESTANCAMIENTO ECONÓMICO

Fue consecuencia de varios factores relacionados:

- Baja de los precios internacionales de las materias primas exportadas por A. Latina. Los precios altos que habían alcanzado el cobre, el estaño, la carne, la lana, etc, durante la guerra no se mantuvieron.

- Deterioro en los términos de intercambio: los productos vendidos por A. Latina valían menos, pero los que compraba valían más; como resultado hubo que disponer de más dinero para importar productos. A eso hay que agregarle lo que se pagaba por fletes, ayuda técnica, etc.

- Aumento de la deuda externa. La balanza comercial desfavorable y el déficit de los presupuestos estatales (más gastos que ingresos de dinero) llevaron a buscar la solución a través de la solicitud de préstamos otorgados por otros países, por bancos privados extranjeros o por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Los préstamos estuvieron destinados , entre otras cosas a comprar maquinarias para las industrias y pagar la administración pública.

- Resistencia al cambio de las estructuras agrarias. Las reformas populistas de los años 40 y 50 no afectaron al latifundio. La tierra siguió concentrada en pocas manos. La mayor parte de la población latinoamericana vive en el campo, carece de tierras y de medios de vida suficientes como para consumir los productos realizados por las industrias latinoamericanas. Al quedar fuera del consumo estas masas de población, las industrias tuvieron menos ventas de las esperadas, disminuyeron la producción, los empleos y los salarios. Al haber menos poder adquisitivo en la ciudades, hubo una disminución en la demanda de productos agrícolas, cerrándose así un círculo económico negativo.



- Mayor presencia de las multinacionales. Muchas veces los países latinoamericanos presentaron ventajas para la instalación de empresas multinacionales: amplios mercados, recursos naturales, mano de obra, infraestructura relativamente desarrollada, regímenes políticos seguros. Se generalizaron las inversiones de empresas de origen norteamericano en sectores claves como la minería, el petróleo, las agroindustrias y los bancos.

- Descapitalización: salida de capitales hacia el exterior. Las mayor parte de las ganancias obtenidas por las empresas extranjeras que invertían en A. Latina, eran enviadas a los accionistas radicados en el exterior. A esto hay que agregar el pago de los intereses de la deuda y lo que se pagaba por las importaciones. Era mucho más el dinero que salía hacia los países desarrollados que el que estos invertían en Latinoamérica. Entre 1956 y 1960 hubo una salida de más de 6 mil millones de dólares . Esta pérdida de dinero impidió que los países de A. Latina se capitalizaran y tuvieran su propio dinero para invertir, aumentando la dependencia de los préstamos.

- La presencia del FMI significó una limitación a la labor de los gobiernos latinoamericanos. Los préstamos otorgados por el FMI o su aval como garantía para obtener préstamos de bancos extranjeros, se hacían a cambio de firmar “cartas intención” en las que los gobiernos se comprometían a cumplir con determinados requisitos (menor intervención del estado en la economía, restricción de préstamos baratos, devaluaciones, libre valor del dólar, etc). Esto implicó abandonar la política intervencionista y de estado benefactor que se venía realizando; como consecuencia disminuyó la protección a los sectores trabajadores y de pequeñas empresas, aumentando la conflictividad social.



LA SITUACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA

Una de las medidas tomadas por los gobiernos e base a las recomendaciones del FMi, fue la eliminación de los cambios múltiples, es decir que ya no podía haber un valor distinto para el dólar según para que se fuera a usar. Durante el período de crecimiento hacia adentro se pagaba a los exportadores un dolar barato para luego venderselo barato a los importadores de maquinaria y combustible o productos necesarios para el consumo popular. Si el dolar se iba a usar para importar productos que se podían hacer en Latinoamérica o que no eran necesarios, salía más caro.

La eliminación de esta diferencia en el valor del dólar y la devaluación de las monedas nacionales, significó un aumento de la ganancia de los exportadores y un encarecimiento de los productos importados.

Las devaluaciones trajeron inflación y por lo tanto aumento de precios, elevándose el costo de vida. La inflación afectó a los sectores que tenían ingresos fijos (asalariados, jubilados) y a los desocupados, aumentando las diferencias sociales.

La restricción a los créditos lesionó a los pequeños productores que, carentes de suficiente capital, no podían hacer frente a las necesidades económicas (aumento del precio de la maquinaria y los combustibles) y no pudieron renovar sus empresas.

Las clase medias urbanas que se habían acostumbrado a un consumo similar al de países desarrollados (vivienda propia, automóvil, electrodomésticos, vestimenta, vacaciones) vieron disminuir su poder de compra.

Esta situación provocó mayor conflictividad: huelgas y manifestaciones.

Los gobiernos nacionales tomaron medidas represivas contra los sindicatos y las organizaciones estudiantiles que se sumaron a las protestas. La represión y la falta de soluciones al estancamiento económico incentivaron la violencia política. Focos revolucionarios se dieron en varios países de América Latina tomando como ejemplo lo sucedido en Cuba.



LA REVOLUCIÓN CUBANA Y SUS CONSECUENCIAS

Cuba, una isla de las Antillas, adquirió importancia estratégica y comercial a partir del siglo XVIII. Su población indígena apenas sobrevivió al primer siglo de colonización española y fue sustituida por mano de obra esclava africana. Se formó así una sociedad multiétnica.

Su economía se basaba en las plantaciones de caña de azúcar. Políticamente fue el último territorio americano en independizarse de España, a fines del siglo XIX. En el corre de ese siglo los movimientos nacionalistas intentaron en varias ocasiones terminar con la colonización pero las revoluciones eran derrotadas. Finalmente, en 1898, EEUU intervino declarandole la guerra a España, lo que permitió a los rebeldes cubanos obtener su “independencia”. A esa altura ya existían importantes inversiones de capitales norteamericanos en las plantaciones azucareras.

El nuevo estado quedó bajo la influencia de EEUU, incluso su propia constitución establecía el derecho de los norteamericanos a intervenir en Cuba en caso de que se vieran afectados sus intereses (enmienda Platt de 1902).En varias ocasiones EEUU intervino militarmente en la isla: 1906, 1912, 1917, 1922 y 1933.

La economía cubana siguió basandose en la producción de azúcar cada vez más dominada por los capitales de EEUU. En 1950 casi el 50% de las tierras dedicadas a la caña de azúcar eran propiedad de empresas norteamericanas. EEUU también controlaba los servicios telefónicos, la electricidad, los ferrocarriles y la producción de níquel, además de controlar buena parte de los casinos y centros de diversión nocturna de La Habana.

La caña de azúcar precisaba mucha mano de obra durante la cosecha pero luego esos trabajadores quedaban desempleados. Las condiciones de vida en el medio rural eran malas y existía una fuerte migración hacia las ciudadades.

Politicamente se sucedieron dictaduras que mantenían la situación económica y social incambiada. En 1933 una huelga general logró la caída del dictador Machado, y la creación de un gobierno democrático. Pero este no contó con el apoyo del EEUU que propició una nueva dictadura a cargo del sargento Fulgencio Batista. Este se mantuvo en el poder desde 1934 a 1959. En ese período se hicieron elecciones pero la oposición era perseguida y existía fraude.

Ante esa situación, en el año 1953, un grupo de jóvenes liderados por abogado Fidel Castro realizó un asalto al Cuartel Moncada, pero fracasó y los rebeldes fueron presos. Cuando volvieron a la libertad, Castro y otros rebeldes, se trasladaron a México donde prepararon una insurrección mayor.

La guerrilla de Sierra Maestra.- El 2 de diciembre de 1956, 80 hombres desembarcaron al sur de la isla. Entre ellos estaban Fidel Castro, su hermano Raúl y el argentino Ernesto “Che” Guevara. Descubiertos y atacados buscaron refugio en la zona montañosa y selvática, internándose los pocos sobrevivientes en la Sierra Maestra.

En la montaña se organizó un ejército revolucionario formado sobretodo por campesinos. Las operaciones guerrilleras se fueron ampliando al resto de la isla. El gobierno de Batista, acusado de incapacidad y corrupción no tenía respaldo popular y muchos vieron con simpatía la rebelión. Varios partidos se sumaron a la lucha contra Batista y se creó un Directorio Revolucionario. En las ciudades se sumaron las protestas, los sabotajes y finalmente, en marzo de 1957 fue asaltado el palacio presidencial. Batista, que ya no contaba ni con el respaldo de EEUU, huyó.

El 1 de enero de 1959 el ejército guerrillero entró a La Habana.



El enfrentamiento con EEUU.- Los primeros días después del triunfo de la revolución fueron de euforia en Cuba, aunque nadie tenía en claro que se proponían los triunfadores. Varios eran los que habían participado en la caída de Batista, pero el poder visible estaba en el ejército revolucionario formado en Sierra Maestra, cuyos líderes hablaban de hacer un gobierno nacionalista y antiimperialista.

Se creó un gobierno de coalición del que participaban varias fuerzas políticas; Fidel castro fue designado comandante del nuevo ejército. Los primeros pasos del nuevo gobierno fueron de carácter reformista. Pero luego las medidas fueron más profundas y la alianza se rompió. La reforma agraria, las nacionalizaciones de empresas extranjeras, el juicio a los criminales de guerra, la reducción del valor de los alquileres, el cierre de los casinos, alejó del gobierno a los sectores moderados, pertenecientes a la clase alta y vinculados a EEUU.

Las medidas del gobierno tampoco gustaron a EEUU que veía a Cuba como parte de su “zona de infleuncia”. Ante la nacionalización de empresas azucareras que estaban en manos de norteamericanos, el gobierno de EEUU decidió no comprar azúcar a Cuba. El gobierno cubano adquirió petróleo a la URSS; las refinerías que había en Cuba eran norteamericanas y se negaron a refinar el petróleo de origen soviético. Cuba reaccionó nacionalizando las refinerías.

Inicialmente ni Castro ni los otros dirigentes guerrilleros eran comunistas. Pero el enfrentamiento cada vez mayor con EEUU, los llevó a buscar el apoyo de la URSS, que se transformó en el nuevo mercado del azúcar cubano y el abastecedor de maquinaria, petróleo y, cuando las relaciones con EEUU fueron más tensas, de armamento.

En 1961, con la autorización del presidente John Kennedy, los servicios secretos norteamericanos prepararon una invasión a Cuba. Supuestamente se trataba de cubanos descontentos con el gobierno que se rebelaban. La invasión se organizó en Guatemala (donde EEUU había realizado una operación similar unos años atrás y había tenido éxito) y el lugar de la invasión fue Playa Girón (Bahía Cochinos). Pero la defensa realizada por el nuevo ejército cubano y la falta de apoyo a los invasores, hizo fracasar el plan.

Poco después Fidel Castro anunciaba la orientación socialista de su gobierno. Los sectores políticos que apoyaban la revolución formaron el Partido Comunista de Cuba que quedó como partido único.

Los primeros años de la revolución.-

En el plano económico se puso en marcha una reforma agraria que eliminó los latifundios. Se expropiaron las posesiones de más de 400 hectáreas y se repartieron entre pequeños propietarios y cooperativas.

Se estatizaron las grandes empresas industriales (por ejemplo las tabacaleras), los grandes almacenes, los bancos y las compañías eléctricas y telefónicas.

En la educación fue sin duda donde se observaron más logros. En Cuba, antes de la revolución, el 23% de la población no sabía leer ni escribir y de los niños en edad de ir a la escuela sólo la mitad lo hacía. El gobierno de Castro se propuso erradicar el analfabetismo. El año 1961 se declaró “Año de la educación”, se organizaron brigadas de jóvenes estudiantes y fueron enviadas por toda la isla para alfabetizar a la población. Unos 270 mil jóvenes participaron como brigadistas y al finalizar el año habían logrado alfabetizar a casi todos los analfabetos.

Desde el punto de vista político, luego del acercamiento a la URSS, Cuba se organizó siguiendo el modelo soviético: partido único, elecciones indirectas, imposibilidad de oposición o críticas fuera del partido. El Partido Comunista les dio a los revolucionarios la organización de la que carecían en un primer momento. El apoyo popular fue canalizado a través d e los Comités de Defensa de la Revolución, creados a nivel barrial

De Sierra Maestra a Los Andes.- En muchos países de América Latina los sectores políticos desconformes con la situación económica y social, vieron en la revolución cubana un modelo a seguir. En algunos casos porque no existía un sistema electoral que les garantizase la posibilidad de llegar al gobierno por esa vía; en otros por que se buscó un camino rápido para tener el poder y comenzar con las reformas, los sectores radicales se plantearon recurrir a la lucha armada.

Se trataba de sectores políticos nacionalistas, antiimperialistas y de tendencias populistas, algunos de origen socialista, aunque en general los partidos comunistas de América Latina se mantuvieron al margen y tuvieron una visión crítica de los movimientos guerrilleros.

Siguiendo al pie de la letra el análisis teórico realizado por Ernesto Che Guevara y el francés Regis Debray, se plantearon crear “focos” rebeldes en zonas de difícil acceso para las fuerzas militares (selvas, montañas) y allí formar una “zona liberada” donde los rebeldes establecerían su propio gobierno. Esas zonas, contando con el apoyo campesino, se irían extendiendo hasta tomar todo el país y lograr la derrota del gobierno. Para eso era necesario entrenarse y armarse.

La guerrilla tuvo como principales protagonistas a jóvenes, muchos de ellos intelectuales, de clase media, que tomaban como punto de referencia héroes históricos (Bolívar, Artigas, etc) y a los más recientes revolucionarios: Fidel Castro, el “Che” Guevara, el líder revolucionario chino Mao Zedong, el líder revolucionario de Vietnam Ho Chi Minh. Sus propuestas políticas eran simples y atractivas: reforma agraria, justicia social, antiimperialismo.

El gobierno cubano, con quien habían roto relaciones casi todos los países de América Latina (obedeciendo las presiones de EEUU), apoyó a las guerrillas. Primero fue un respaldo moral y luego el apoyo material entrenando guerrilleros. En La Habana se creó la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) con la finalidad de reunir a todos los movimientos guerrilleros y antiimperialistas del continente. En 1967 la OLAS se planteó como objetivo transformar a la cordillera de Los Andes en la Sierra Maestra de América del Sur. O como dijo Guevara “crear dos, tres, muchos Vietnam”, haciendo referencia a la lucha que aquel país sostenía contra EEUU. En Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela y Argentina, se crearon guerrillas rurales. En otros países como Brasil y Uruguay apareció otra versión del “foco”: la guerrilla urbana.

En Bolivia la guerrilla contó con la participación del propio Ernesto Che Guevara quien consideraba que la situación geográfica y social de aquel país lo hacían el más apto para comenzar un movimiento que después se extendería al resto de los países. Pero la falta de apoyo de los campesinos y el poco respaldo político, aislaron a la guerrilla que fue derrotada tras la muerte del “Che” Guevara (8 de octubre de 1967).

En Perú la inestabilidad política se unió a movimientos populares campesinos surgidos en la zona de la sierra. Estudiantes y universitarios se establecieron en la zona y dirigieron la guerrilla, ocupando latifundios. Pero la acción del ejército y los escuadrones de la muerte (organizaciones creadas por los latifundistas para asesinar a los campesinos rebeldes) pusieron fin a la guerrilla.

En Colombia se vivieron años de mucha violencia política por la guerra entre conservadores y liberales, hasta que los dos bandos llegaron a un acuerdo para sucederse ne el gobierno, así que la lucha armada no era novedad para los colombianos. Las situaciones que se vivían entre los campesinos eran similares a la de otros países de Latinoamérica. En la amplia zona selvática que posee Colombia se formaron varios grupos guerrilleros, siendo los más importantes el Ejército de Liberación Nacional, dirigido por el sacerdote Camilo Torres, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esta ha llegado a dominar un parte considerable del territorio colombiano y es en la actualidad el movimiento guerrillero más antiguo de América Latina.



En Uruguay la crisis económica golpeó duramente a los sectores más bajos y a la clase media. La década del 60 se inició con una creciente ola de reclamos y violencia. Se perdió la convivencia pacífica rompiéndose la negociación que había caracterizado a la política de este país. La principal organización armada fue el Movimiento de Liberación Nacional (MLN-Tupamaros), integrada mayoritariamente por miembros de la clase media, estudiantes, profesionales universitarios. Uno de los fundadores de la guerrilla tupamara, Raul Sendic, inició su acción en el norte del país, entre los trabajadores de los cultivos de caña de azúcar, “los peludos”, organizando varias marchas sobre Montevideo. Entre 1969 y 1972 el MLN desarrolló un enfrentamiento violento con la policía y el ejército. En 1972 el presidente Juan María Bordaberry declaró el estado de guerra interno y la ofensiva del ejército terminó con el movimiento guerrillero.



LA POLITICA DE EEUU PARA AMERICA LATINA

Luego de la Segunda Guerra Mundial llegó la decadencia de Europa. En América Latina Inglaterra perdió su influencia y fue sustituida por EEUU, que pasó a ser el proveedor de préstamos y el principal mercado para las exportaciones latinoamericanas.

Para canalizar y legitimar la influencia norteamericana en la región, se crearon una serie de organismos, que “ataban” a los paises latinoamericanos a las decisiones tomadas en Washington. En 1947 se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que establecía un acuerdo de defensa militar entre los países firmantes. En 1948 se firmó la Carta de Bogotá por la cual se creaba la Organización de Estados Americanos (OEA) con el objetivo de solucionar los conflictos regionales y estimular la cooperación entre los países americanos. En ambos organismos era innegable la supremacía de EEUU sobre los otros países de la región y eran parte de las alianzas surgidas con la Guerra Fría.

EEUU estaba interesado que la situación política de los países americanos no tuviera muchos cambios para evitar una modificación en la relación de fuerzas con la URSS. Además había zonas donde existía un interés estratégico desde hacía mucho tiempo: el mar Caribe y Centroamérica. Ambas zonas estaban cercanas a EEUU y, en el caso de Centroamérica, allí se encontraba el Canal de Panamá que permitía la comunicación marítima de las dos costas norteamericanas. Además estaba el interés económico: América Latina suministraba materias primas y alimentos y recibía productos e inversiones de capital de EEUU.

Antes de la Segunda Guerra Mundial las intervenciones militares norteamericanas habían sido frecuentes en la región del Caribe y América Central; eran los años de la “política del garrote” iniciada por el presidente Thedoro Roosevelt a comienzos del siglo XX. A partir de 1933 las intervenciones militares fueron dejadas de lado por el presidente Franklin Roosevelt que inició la política de “buena vecindad”. EEUU recurrió a la diplomacia y las presiones económicas para mantener y aumentar su influencia.

Pero la Guerra Fría trajo nuevamente las intervenciones militares, aunque algunas fueran disimuladas. En 1954 en Guatemala el presidente electo por la mayoría de la población de ese país, Jacobo Arbenz, inició una reforma agraria que afectaba los intereses de la empresa norteamericana United Fruit. El gobierno norteamericano lanzó una ofensiva para desestabilizar y hacer caer ese gobierno, con una rebelión militar apoyada por la aviación norteamericana. EEUU justificó su accionar señalando que en Guatemala había una “infiltración comunista”. La acusación fue usada luego reiteradamente para justificar otras intervenciones y atacar a quines molestaban los intereses norteamericanos.

El triunfo de la revolución cubana, su enfrentamiento a los intereses de EEUU y el fracaso de una invasión para derribar al gobierno revolucionario, trajo novedades en las relaciones norteamericanas con Latinoamérica.

La Alianza Para el Progreso.- Poco después de asumir la presidencia de EEUU, John Kennedy dio a conocer sus intenciones de ayudar Latinoamérica. En febrero de 1961 envió a dos de sus principales asesores, Schlessinger y Mac Govern, para que realizaran un informe de la situación en la región. El informe no dejaba dudas sobre los problemas latinoamericanos. Allí se decía que de los 200 millones de habitantes, la mitad eran analfabetos; un 2% poseía el 50% de la riqueza, mientras que el 70% de la población vivía en la pobreza. En una reunión celebrada con los embajadores de los países de América Latina en Washington, Kennedy reconoció que los norteamericanos y muchos latinoamericanos aún no habían entendido la “urgente necesidad de liberar al pueblo de la pobreza, la ignorancia y la desesperación”.

En agosto de 1961 (pocos meses después de haber fracasado el intento de invasión a Cuba), se reunió en Punta del Este el Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), organismo dependiente d ela Organización de Estado Americanos. Allí se discutió la propuesta de Kennedy y se aprobó con 20 votos a favor y la abstención de Cuba (que aún era miembro de la OEA).

El documento establecía la creación de una Alianza Para el Progreso (ALPRO) donde los países se comprometían a: fortalecer el sistema democrático, elevar el nivel de vida de la población, ampliar el número de viviendas, asegurar una justa remuneración para los trabajadores, acabar con el analfabetismo, impulsar reformas agrarias, estimular la empresa privada, acelerar la integración comercial y desarrollar programas de salud para prevenir enfermedades. El texto de la Alianza iba acompañado por otro documento conocido como Carta de Punta del Este donde se establecía un plazo de diez años para llevar adelante las reformas. Durante esos años se invertirían 100 mil millones de dólares: 80 mil millones los pondría A. Latina, 10 mil millones provenían de EEUU y los otros 10 mil millones de otras fuentes.

El delegado cubano a la reunión, Ernesto “Che” Guevara, fundamentó su abstención señalando que si bien compartía la declaración, creía que la Alianza fracasaría. Indicó que los préstamos de EEUU sólo fomentarían a las empresas privadas, y en especial a las norteamericanas establecidas en Latinoamérica; como estas empresas enviaban sus ganancias hacia EEUU, el dinero volvería hacia allá y no quedaría en los países pobres. Agregó que los precios de las materias primas exportadas por A. Latina seguirían bajando, la balanza comercial sería desfavorable y aumentaría el desempleo. “El desempleo -señalaba Guevara- significa una baja de los salarios; empieza la inflación y, entonces, en casi todos los países de América Latina entrará a jugar un papel preponderante el Fondo Monetario Internacional”.

Ocho años después de que la ALPRO se iniciara, un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina, organismo de Naciones Unidas) señaló que los dólares que ingresaban a Latinoamérica por los planes de ayuda ran menos que los que salían rumbo a EEUU como ganancias de las inversiones realizadas por empresa norteamericanas. En abril de 1970 el senador norteamericano Edward Kennedy, hermano del impulsor de la Alianza, reconoció que “La ALPRO es un fiasco. Más del 30% de los habitantes de A. Latina mueren antes de los 40 años. La miseria, la alimentación insuficiente y las enfermedades consumen las fuerzas y las energías. El ritmo de crecimiento económico alcanzó en el decenio anterior un promedio de 1,8% anual. Es menor al que existía antes de la ALPRO. La tierra permanece en manos de una ínfima minoría”.



LAS DICTADURAS MILITARES



Las dictaduras no eran una novedad para A. Latina porque se venían dando desde la independencia en el siglo XIX. Fue algo común el surgimiento de “hombres fuertes”, caudillos o jefes militares que se imponían por la fuerza, su carisma y su poder económico. No sólo se trataba de dictaduras personales sino de gobiernos de fuerza impuestos por los sectores poderosos para mantener su poder cuando se sentían amenazados.

En los años 60 y en particular en los 70 A. Latina vivió una ola de dictaduras con características especiales, basadas en la Doctrina de la Seguridad Nacional, que interpretaba la situación mundial como una lucha entre el Mundo Occidental (capitalista, cristiano,”libre”) y el Mundo Oriental (comunista, marxista, totalitario). Esas dictaduras crearon la Doctrina de la Seguridad Nacional para justificar la toma violenta del poder y el uso de la represión (cárcel, tortura, desapariciones, censura) contra quienes consideraban “subversivos”.

¿Cuáles fueron los factores de estas dictaduras? Hubo factores propios de cada país, pero hay factores generales que se pueden usar para explicar el origen de casi todas ellas. Hubo una combinación de crisis económica, social y política y factores externos.

Los sectores populares perjudicados por el estancamiento económico que se venía dando desde los años 50, comenzaron a organizarse para que sus reclamos fueran atendidos: los sindicatos se unieron, se enfrentaron con las empresas y estas usaron la represión policial. Las clases medias también manifestaron su descontento por la crisis que bajaba su nivel de vida. Algunos sectores de clase media se unieron a las clases populares en sus reclamos y formaron “frentes populares” como una alternativa a los partidos políticos existentes. Otros, incrédulos con el sistema electoral, buscaron la alternativa de una salida a la fuerza en dos direcciones: la revolución armada (la guerrilla foquista) o los gobiernos autoritarios.

Los grupos económicamente dominantes estuvieron divididos, no sabían como enfrentar la crisis y sus consecuencias sociales. Perdieron la capacidad de imponer su liderazgo y crear un modelo de país que fuera aceptado por los demás sectores de la sociedad. Temían a las movilizaciones de los obreros y a la radicalización de las clases medias, por lo tanto buscaron imponer el orden por cualquier medio.

Las empresas multinacionales que invertían en América Latina también querían el orden y la estabilidad social, por lo tanto apoyaron gobiernos autoritarios. Hay autores que marcan el interés de la banca para invertir el dinero sobrante en los países desarrollados (por los depósitos de los árabes luego de la suba del petróleo) en los países latinoamericanos. Esas inversiones necesitaban una sociedad tranquila, sin posibilidad de cambios de gobiernos bruscos y que asegurara el retiro las ganancias.

La revolución cubana y el apoyo de Cuba a las guerrillas también incidió. Fue causa y excusa para que los militares aumentaran su poder. Además EEUU no podía permitir que el ejemplo cubano se difundiera por A Latina, porque eso significaría perder el control de la región. Por lo tanto apoyó a los gobiernos de fuerza que destruyeran a las guerrillas y que acabaran con las movilizaciones populares que podían desembocar en situaciones revolucionarias. EEUU se vinculó con los ejércitos latinoamericanos a través de los cursos para oficiales que se daban en escuelas militares norteamericanas, especialmente la ubicada en el Canal de Panamá.

Características de los gobiernos militares.- Si bien los diferentes regímenes tuvieron su propia identidad, presentaron características comunes:

- Forma ilegal de acceder al poder (golpe de estado).

- Eliminación de los parlamentos, suspensión de los derechos individuales, prohibición de los partidos políticos, persecución de los opositores al régimen. Fueron graves los casos de tortura, asesinato y desaparición de personas realizadas por estos gobiernos.

- Concentración del poder en manos del Poder Ejecutivo. Este, en la mayoría de los casos fue ocupado por jefes militares, pero en algún caso se designaban civiles, aunque el mando real siempre estaba en manos de las juntas militares.

- Dominio militar de los organismos estatales, designando interventores militares para hacerse cargo de ellos.

- Política económica neoliberal, aunque su aplicación mostró variantes de una país a otro.

El historiador francés Alain Rouquié distingue cuatro tipos distintos de dictaduras en A. Latina:

a) El modelo patrimonial de las dictaduras familiares, que buscan la formación de una dinastía gobernante que usa el poder para enriquecerse. Es el tipo de dictadura clásica de América Latina, la que se venía dando desde el siglo XIX. Por ejemplo la familia Somoza en Nicaragua o Duvalier en Haití.

b) Las dictaduras que se presentan como “revoluciones desde arriba” con un programa reformista de tipo populista. El ejemplo es la dictadura de Velazco Alvarado en Perú, vista con simpatía por algunos sectores de izquierda por su política nacionalista y antiimperialista.

c) Los regímenes burocráticos desarrollistas, que intentaron imponer por la fuerza un modelo de desarrollo asociándose al capital extranjero y eliminaron cualquier tipo de oposición dentro de su país. Por ejemplo el Brasil a partir de 1964.

d) las dictaduras terroristas y neoliberales, que son las dictaduras que se dieron en los años 70, por ejemplo en Chile, Argentina y Uruguay. Son estas dictaduras las que presentan más claramente las características señaladas anteriormente.







AMÉRICA LATINA A FINES DEL SIGLO XX



LA RECUPERACION INSTITUCIONAL

Las dictaduras latinoamericanas comenzaron a dar signos de agotamiento desde fines de la década del 70. En 1979 el gobierno militar ecuatoriano pemitió las elecciones. El mismo año en Nicaragua la revolución encabezada por el sandinismo derrocó al dictador Anastasio Somoza. En Perú en 1980, en Honduras en 1981 y en Bolivia en 1982, los militares cedieron el gobierno a civiles elegidos en elecciones. La dictadura argentina se desmoronó a partir del fracaso de la Guerra de las Malvinas. Uruguay y Brasil tuvieron elecciones en 1984 y Chile en 1989. También ese año cayó la dictadura de Strossner en Paraguay.

De esta manera y en el lapso de una década, las naciones de América latina retornaron a sus instituciones políticas establecidas en las constituciones. La retirada de los gobiernos militares fue fruto de factores mundiales, regionales y locales.

El primero fue el aumento de la deuda externa que acentuó los problemas económicos. Sectores de la población, que anteriormente habían apoyado, o visto con indiferencia, los golpes de estado, ahora le negaban legitimidad a esos gobiernos.



Otro factor fue la política para la región llevada adelante por el gobierno de EEUU. El presidente Jimmy Carter (1976-1980) dio más importancia a un cambio democrático en América Latina, fundamentalmente en lo concerniente a los derechos humanos. Los gobiernos posteriores, el de Ronald Reagan (1981-1989) y George Bush (1989-1993) , si bien no compartían la postura de Carter a favor de los derechos humanos, mantuvieron el apoyo a la desmilitarización.

Además de estos dos factores, fueron decisivas las circunstancias particulares de cada país. En algunos casos, como en Argentina y Bolivia la transición hacia los gobiernos civiles fue desencadenada por el fracaso y la división de los militares. En otros casos, como Brasil, Uruguay y Chile, los gobiernos militares consiguieron imponer una transición negociada. Uno de los puntos críticos de la negociación fue la limitación de las investigaciones sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas por los gobiernos militares. La amnistía de los militares ha sido uno de los problemas que han tenido que enfrentar y resolver los nuevos gobiernos.



LA DEUDA EXTERNA

Las causas.- En la década del 70 los países latinoamericanos tenían una enorme necesidad de dinero para sostener su economía. Ese dinero lo obtuvieron de los grandes bancos internacionales. Estos bancos facilitaron los créditos con el fin de obtener ganancias de las grandes sumas de dinero depositadas en ellos por los países árabes enriquecidos por la suba del precio del petróleo. A los bancos les servía incluso prestar dinero con interés bajo y plazos largos, antes de que los capitales quedaran inmovilizados sin dar ninguna ganancia.



Los países que recibieron esos préstamos, muchos de los cuales eran gobernados por dictaduras, no se encontraban en condiciones de devolver el dinero prestado, puesto que la mayor parte de ese dinero no se dedicó a actividades productivas capaces de generar las ganancias necesarias para pagar la deuda.

Para pagar las deudas contraídas se recurrió a nuevos préstamos o refinanciando en condiciones menos favorables. De esta manera la deuda fue aumentando cada vez más y se hizo difícil pagar los intereses. La situación se agravó por:

- La caída de los precios de los productos exportados por los países de A. Latina. Por lo tanto fue necesario aumentar la cantidad de los productos exportados para poder recibir fondos frescos.

- La fuga de capitales que entre 1970 y 1985 fue de 100 mil millones de dólares, o sea una cuarta parte de la deuda.

- El aumento de la tasa de interés en los países desarrollados, lo que provoca automáticamente un aumento en la deuda.

Las consecuencias.- En los años 80 se hicieron sentir los efectos de la deuda. En diez años el dinero adeudado se había multiplicado por diez, pasando de 20 mil millones de dólares en 1970, a 200 mil millones de dólares en 1980. Para poder pagar los gobiernos aplicaron políticas de ajuste, provocando la caída de los salarios y desocupación. Los estados redujeron sus gastos en actividades de apoyo a los sectores más carenciados y dejaron de hacer obras de infraestructura.

En la conferencia de L a Habana de 1985 muchos presidentes latinoamericanos declararon la necesidad de un cambio en el orden económico internacional, aunque ninguno acompañó el planteo del dirigente cubano Fidel Castro de que la deuda era impagable. Posteriormente el gobierno de Perú propuso que sólo se pagara por año el 10% de lo que ingresaba por las exportaciones, Venezuela solicitó un plazo de 30 años para pagar la deuda y México se declaró en quiebra.

El Fondo Monetario Internacional respondió enérgicamente, culpando a los deudores de dilapidar el dinero por sus políticas económicas y amenazando con cortar todos los préstamos a aquellos que no pagaran con puntualidad. Los bancos y el FMI impusieron estrictas condiciones para otorgar nuevos préstamos, obligando a los gobiernos a emprende profundas reformas económicas. Estas reformas se basan en el liberalismo económico (neoliberalismo) impulsado por los economistas de la Universidad de Chicago con Milton Friedman a la cabeza. Las medidas “recomendadas” a los gobiernos son:

- Reducir el papel del estado en la economía privatizando empresas estatales y desregulando la economía (dejando la iniciativa a las empresas privadas, no fijando el valor de la moneda, etc).

- Abrir las economías al mercado y a las inversiones extranjeras.

- Reducir la emisión de moneda para limitar la cantidad de circulante y de esa manera, al reducir el consumo, mantener los precios y evitar la inflación (política deflacionista).



EL PROBLEMA DE LA TIERRA

En el campo se ha mantenido el latifundio como en la época colonial y apenas se aprecian algunos cambios. Tradicionalmente el latifundio iba acompañado por el minifundio: los campesinos pobres tenían su pequeña parcela de tierra que trabajaban para alimentarse, pero como esto no alcanzaba, trabajaban como peones en los grandes haciendas a cambio de un salario. Los salarios eran extremadamente bajos, no existía legislación laboral que los protegiera y las condiciones de trabajo eran similares a la de la esclavitud. En muchas d estas grandes haciendas existían comercios, propiedad del propietario de la tierra, donde los campesinos compraban y se endeudaban por los altos precios. Al cobrar su salario el peón se encontraba endeudado y tenía que seguir trabajando para pagar la deuda.

El proceso de industrialización iniciado en los años 30 y 40 introdujo algunos cambios a esta situación. La industria requería una mayor producción agraria que asegurara materia prima barata, por lo tanto se requería una modernización. Además la situación de miseria de los campesinos se multiplicaba con el aumento d ela población rural, y esto llevaba a rebeliones y violencia que podía perjudicar a la producción.



Por estas razones, para aumentar la producción, se necesitaba una transformación en el sistema de explotación de la tierra, usando métodos “más capitalistas”. Los latifundios no desaparecieron, pero se mecanizaron; la tecnología desplazó a la mano de obra no capacitada y aumentó la migración de campesinos hacia la ciudad. Los campesinos que quedaban eran asalariados y no tenían tierras propias.

En algunos países se aplicaron o se intentaron aplicar reformas agrarias. En muchos casos la entrega de tierras a los campesinos fue sólo una promesa; cuando se entregaban eran las tierras menos productivas, en zonas desérticas, y además no se les entregaban los recursos básicos para hacerlas producir (maquinaria, semillas, apoyo técnico, etc).

En muchos países latinoamericanos los campesinos se han organizado y siguen reclamando su derecho a la tierra. En la zona andina, los campesinos, que son indígenas, se han organizado en comunidades de acuerdo a sus costumbres y reclaman su derecho a la tierra de sus antepasados para trabajarlas colectivamente. En México, la tierra es uno de los reclamos de los zapatistas que se rebelaron en la región de Chiapas.

En Brasil se ha organizado el Movimiento de los Sin Tierra, que en varias ocasiones ha ocupado latifundios improductivos para trabajarlos. La situación de Brasil es de las más graves. El 80% de la tierra está ocupado por sólo el 10% de los propietarios; de este porcentaje, cerca del 85% de la tierra se mantiene improductiva. Al mismo tiempo unos 30 millones de campesinos se encuentran en situación de extrema pobreza.



SITUACIÓN DE LOS INDÍGENAS

La situación del indígena no es la misma en todo el continente. En las regiones donde habían alcanzado un grado de evolución importante y habían formado sociedades numerosas antes de la colonización, los indígenas siguen siendo la mayoría de la población o buena parte de ella junto a los mestizos (México, casi toda Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay). Con la independencia, la situación de los indígenas de esta zona no tuvo cambios importantes. La mayoría indígena ha sido y continua siendo campesinos sin tierra u ocupante de las peores tierras.

En las regiones donde el indígena tenía un menor grado de evolución, no era considerado apto para trabajar y opuso mayor resistencia, fueron desplazados hacia las zonas más alejadas (Brasil) o simplemente fueron exterminados o reducidos a su mínima expresión (Uruguay, Argentina). Estas zonas, además, recibieron en el correr del siglo XIX, importante cantidad de inmigrantes, por lo que la presencia indígena era considerada negativa e innecesaria. Se señaló como una ventaja, frente a otros países latinoamericanos, el no poseer el “problema del indio”.

Considerar a los indígenas como un problema es parte de la discriminación racial que aún existe en Latinoamérica. A pesar de que el mestizaje es una de las características que identificaban a la región, el color de la piel sigue determinando el lugar que se tiene en la sociedad. Cuanto más rasgos de blanco se tienen, mayores posibilidades de ascenso social existen.

A partir de los años 40, en países como México, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia, los populistas tomaron en cuenta, al menos en el discurso, la situación india y reclamaron su integración a la sociedad. Los populistas reclamaban el derecho de los indígenas a la tierra, no sólo porque históricamente les pertenecía , sino porque su dependencia de los latifundistas los mantenía pobres, ignorantes, no integrados a la sociedad de consumo. Esta postura a favor del indígena tuvo eco a nivel de los intelectuales dando origen a al indigenismo.

En 1940 en Pazcuaro, México, se realizó el primer Congreso Indigenista con delegados de todo el continente. Participaron políticos, científicos, pero ninguna comunidad india estuvo representada.

A partir de los años 70 se han realizado conferencias de organizaciones representativas de los indígenas, es decir donde los indígenas han participado directamente. En ellas se han venido planteando los reclamos de los indígenas, hechos por los propios indígenas:

- El respeto a las tradiciones culturales; no basta que el indígena sobreviva fisicamente, sino que pueda vivir como indígena, con sus costumbres, su idioma, su religión. Al concepto de genocidio, los indígenas han incorporado el de etnocidio, es decir, la destrucción de una cultura.

- La relación entre el indígena y la tierra no debe hacerse mediante planes elaborados “desde arriba”, por el gobierno o por los técnicos, sino que debe hacerse con los criterios que los propios indígenas suministran. Los indígenas deben planificar y decidir como distribuir la tierra y como trabajarla.

- Se de be reconocer la autonomía de las culturas indígenas. Los indígenas no se consideran peruanos, bolivianos, guatemaltecos, etc, sino quechuas, aimarás, quitchés, etc. Sus “fronteras” como pueblos, no coinciden con las fronteras geográficas de los países.



La situación de los indígenas menos evolucionados, los que huyeron hacia los lugares más apartados de las selvas y las montañas, ha empeorado en las últimas décadas. Por ejemplo en Brasil, en los años 70, comenzó la tala y quema de extensas zonas de la Amazonia. El objetivo era convertir esa zona en tierra de cultivo y ganadería por lo tanto se echó a los indios que habían sobrevivido semiocultos en la selva. Los indios que “molestan” son asesinados.

La presencia de oro en la selva ha agravado la situación indígena. Las condiciones de pobreza y miseria que se viven en Brasil ha empujado a muchos pobres a dedicarse a la búsqueda artesanal del oro: los “garimpeiros”. Estos se han dirigido hacia la selva para buscar pepitas de oro que luego venden a las empresas dedicadas a comercializar metales preciosos. La búsqueda de oro los ha llevado a invadir la tierra de los indígenas; estos no han aceptado su presencia y se han dado enfrentamientos de pobres contra pobres.







EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA Y URBANIZACIÓN

El rápido crecimiento de la población latinoamericana se ha convertido en un problema. El crecimiento de población no es parejo en todo el continente. Si bien hasta la primera mitad del siglo la llamada América Blanca registraba un aumento vigoroso de la población por la llegada de inmigrantes europeos, a partir de la segunda mitad del siglo, el mayor crecimiento de ha dado en las zonas más pobres, donde habitan indígenas, mestizos y negros.

La alta natalidad se ha asociado con un descenso de la mortalidad provocando una explosión demográfica.

El crecimiento de población ha sido mayor en las ciudades debido a la migración desde el campo. La búsqueda de empleo y la necesidad de mejorar las condiciones de vida, así como la imagen que de la ciudad se ha proyectado en el campo (comodidades, entretenimiento, etc) han sido las causas de el éxodo rural. Durante la industrialización llevada a cabo en los años 30 y 40, esa mano de obra tarde o temprano era absorbida; pero el estancamiento producido en los años 60 y la posterior crisis que desmanteló las fábricas, obliga a los recién llegados a permanecer igual o peor que en el campo, sobreviviendo en las orillas de las ciudades en viviendas precarias, desempleados o subempleados.

El aumento de población no sería tan grave sino fuera por que acompaña a otros fenómenos sociales como el analfabetismo, los problemas sanitarios y la pobreza.

En 1980 había 45 millones de analfabetos en A. Latina, lo que representaba el 20% de la población. El analfabetismo es muy bajo en algunos países, como los del cono sur (Argentina, Uruguay, Chile) y Cuba, pero es muy alto en los países andinos, Centroamérica y algunos países del Caribe, como Haití con 70% de analfabetos. Incluso países con desarrollo industrial como México y Brasil tienen porcentajes que superan el 20%.

El habitante analfabeto es también el más pobre, el peor alimentado y el más marginado. No saber leer ni escribir lo obliga a tener trabajaos mal pagados (si los consigue). Lo peor es que su condición puede trasmitirse a sus hijos.

Otro problema es el abandono que los niños y adolescentes hacen de sus estudios. La mitad de los escolares de A. Latina no pasan de cuarto año escolar (30 millones en 1980). Sus conocimientos son mínimos y la mayoría están en situación similar a la del analfabeto, mano d e obra no calificada y barata.

Aún son comunes en América Latina enfermedades que se podrían evitar con una simple vacuna. Por ejemplo el sarampión, que en 1980 provocaba en algunos países latinoamericanos 2500 muertes más que en los países desarrollados. Enfermedades que parecían erradicadas, como el cólera, tuvieron rebrotes en la década del 90.

La Organización Panamericana de la salud estimaba en los años 80 que la mitad de los niños latinoamericanos no se podían considerar normales en su nutrición. La desnutrición afecta a gran cantidad de mujeres embarazadas (30% en 1983), por lo tanto hay niños que nacen mal nutridos. Los que no mueren de hambre en su primera infancia (se calcula que muere un niño por minuto), tendrán enfermedades, defectos físicos, deficiencias mentales, ceguera y menos posibilidades de vida.

En los años 80 un niño latinoamericano tenía una esperanza de vida promedio de 62 años, frente a 73 si hubiera nacido en EEUU. Claro que hay diferencias dentro de los países de A. Latina: si nacía en Uruguay su esperanza de vida subía a 70 años, pero si nacía en Haití su esperanza de vida se reducía a 40 años.